Cuando hablamos de burbuja, casi todos nos referimos a la burbuja inmobiliaria.
Pero en los últimos tiempos se han producido otras burbujas, como la rosa.
Se ha convertido en una grandísima bola de nieve que arrasa allá por donde va y se lleva todo lo que se le pone por delante. Al principio los famosos, pero los de verdad, eran noticia por sus trabajos, sus matrimonios, etc. Pero pronto empezó a interesar al gran público (y al público hay que darle lo que pide) sus cotilleos y chismes.
Después de esta fase, empezaron a aparecer como setas personajes que se hacían famosos a través de alguna aparición en la tele, normalmente por alguna relación con uno de los famosos que comentábamos anteriormente. Estos personajes se harían famosillos, más o menos esporádicos. Algunos aguantaban un gran periodo de tiempo, y otros eran muy fugaces, y de un día para otro eran olvidados.
Posteriormente, estos famosillos fueron también fuente generadora de otros sub-famosillos. La propia industria rosa era capaz de generar sus propias “noticias”. Se autoabastecía de famosetes varios, tal vez movidos por las faltas de noticias de las de verdad.
Y en esta última fase en la que nos encontramos actualmente, la gente que trabaja en la prensa rosa se ha convertido en otra clase de famosillos.
Algunos de estos trabajadores de la prensa rosa han tomado un papel estelar en sus programas que han despegado como famosillos. Otros se han creado a través de acusaciones varias entre ellos, de mayor o menor calibre.
En el tintero nos dejamos otros asuntos como la demanda de la hermana de la princesa Letizia a la prensa rosa para que no hablaran de ella, o la acusación a Ana Obregón de solicitar una paliza a un presentador de un programa rosa.
No se sabe donde acabará todo esto, pero desde luego, es otra forma de hacer televisión, a partir de la propia televisión, y de momento, la formula parece que funciona, le pese a quien le pese. Total, es lo que el público demanda, ¿no?
que asco
[...] España no se emite en alta definición, no hace falta vender estos productos. Otra vez estamos con el problema de la pescadilla que se muerde la cola, aunque esta vez versión tecnológica, no [...]