Hace unos días me pasó una cosa más que curiosa.
Iba en el metro, de vuelta a casa. El vagón no iba demasiado lleno. Vamos, que los que iban sentados veían a los que tenían sentados enfrente.
De pronto, en medio de un silencio que denotaba el cansancio de todos, se oyó un griterío. Era una persona “mayor” (entiéndase mayor como mayor de 50 años). Se había levantado de su asiento y discutía con una persona que iba sentado enfrente de él.
Levanté la vista de mi libro para enterarme bien, ya que estaban hablando demasiado alto y me estaban convirtiendo en un espectador más.
Así que al final entendí la discusión. El hombre que estaba enfadado, lo estaba porque el que estaba sentado enfrente estaba JUGANDO con su PSP. Al parecer, el enfadado pensaba que la consola era una cámara de fotos, o un teléfono móvil con cámara de fotos, y al estar enfrente, se pensaba que le estaba fotografiando. Me entró una risita y me vino a la mente una única palabra: POBRECILLO.
En ese momento entendí que el mundo está lleno de gente desconocedora de tanta tecnología, e influenciada por esos noticiarios sensacionalistas, que ven peligros donde no los hay. Seguro que el hombre iba pensando: “que cabrón el joven que tengo enfrente. Me está sacando una foto para luego ponerla en el internetre ese, donde hay fotos porno de todo el mundo robadas sin que se den cuenta…“.
El hombre mayor le pidió al chico joven que bajara “el aparato”, y este le respondía que se bajara y tomara el próximo tren si no iba a gusto.
Finalmente el hombre se volvió a sentar y la cosa no fue a mayor, pero caray, ¿cuántos de estos malentendidos pasarán día a día?