Erase una vez que se era, un padre, un hijo y su burro, que venían del campo de trabajar.
En el camino el padre se sentó en el burro, pues venia cansado, mientras el hijo tiraba de la bestia.
Se cruzaron con un parroquiano, y este le echo en cara al padre que fuese sentado sobre el burro mientras su hijo tiraba de el. Despues de pensarlo un poco el padre pensó: “El parroquiano tiene razón, mejor será que vaya mi hijo sobre el burro”.
Marchando el hijo sobre el burro y el padre tirando de el, se encontraron a un amigo del hijo, que le increpó a este que dejase a su padre ir andando mientras este iba cómodamente sentado. Se miraron padre e hijo, y decidieron seguir los dos a pie el camino.
Poco antes de llegar a su casa pasaron por un pueblo vecino. Ambos oían a los del pueblo murmurar: “Un burro como ese y lo mal aprovechado que esta”, “bien podrían ir los dos sentados cómodamente”, “¿Para que están sino los animales?”. Tanto al padre como al hijo les parecio buena la idea, por lo que decidieron terminar su camino a casa a lomos del burro.
Ya en su pueblo, en las calles cercanas a su casa sus vecinos empezaron a recriminarles el trato dado al animal, ya que este tenia que hacer mucho esfuerzo llevándoles a los dos, y les recomendaron que solo uno fuese a lomos del animal.
MORALEJA: Hay veces que es mejor hacer lo que creas correcto, sin hacer caso a los demás, ya que puedes acabar llevando el burro a hombros.
