Recuerdo que cuando era estudiante de ingeniería informática había varias asignaturas con el nombre de ingeniería del software, donde se estudiaban distintas metodologías que en teoría nos ayudaría a crear software de mayor calidad. Y es cierto que alguna cosa es aplicable al mundo laboral real, pero no así estas metodologías tan perfectas… El motivo es muy sencillo: el mundo no es perfecto y es cambiante a cada momento.
Esta afirmación del mundo tan evidente hace muy difícil llevar a la práctica los conocimientos adquiridos dentro del aula. Cuando llegas a tu primer trabajo, siendo aun un autentico lechón, te da la impresión de que ahora comienza realmente tu aprendizaje (cierto es que tener una base previa sólida ayuda bastante). Y es que te toca aprender un trabajo concreto y una forma de trabajar concreta. De estas formas de trabajar es sobre las que quería charlar en estos momentos aprovechando las experiencias personales de mi propia “carrera profesional” (lo entrecomillo porque siempre me ha hecho mucha gracia esta frase tan usada en las entrevistas de trabajo y luego tan desaparecida cuando ya has firmado tu contrato).
Bueno, dejemonos de royos y vayamos al grano.
Una de las metodologías más frecuente en esto de la informática es “el poder de las masas”, cuya característica principal reside en la acumulación de personal, da igual rango y escuadrón ya que lo único que se busca es ofrecer una imagen de alto despliegue para que el cliente vea que si el proyecto no sale no será por falta de personal. Ya se decidirá despues que otro motivo puede ser el culpable.
Una variación de la anterior metodología es “el poder de los viajes en el tiempo”. Para el que tenga algún problema con la nomenclatura, le recomiendo el visionado urgente de “Regreso al futuro”. En esta metodología la característica principal no es la suma de personal, sino la de horas. Y tampoco hace distinción alguna entre los distintos rangos y escuadrones.
Otra metodología muy de moda es “la del pollo sin cabeza”. Se caracteriza por tener una clara desorganización en la cúspide de la cadena de mando que hace que los polluelos tengan que sobrevivir bajo su propia emancipación. Esto crea trabajo ciertamente, ya que al carecer de un cierto orden o previsión, puede darse el caso de que el trabajo de hoy sólo sirva para estar entretenido durante este día. Pero tal vez mañana se coja este trabajo y se tire a la basura para hacer otro que se hizo tiempo atrás y que también tuvo el privilegio de acabar junto a los desperdicios.
Finalmente, y aunque habrá muchas más metodologías presentes en la vida real, voy a terminar con una que he denominado “brown fridays”, caracterizada por orientar el trabajo enfocado “a lo que hay que entregar el viernes”, de tal forma que al inicio de la semana (aunque esto no es obligatorio, pues tambien se puede comenzar cualquier otro día de la semana) se enmarrona a los participantes del brown friday en cuestión. Para llevar a buen puerto estas misiones es necesario infundir en los participantes la idea de que hay que salvar el mundo este viernes precisamente. Comentar que esta metodología requiere cierta rotación de personal para no quemar a los heroes que todas las semanas salvan el mundo.
Y para cerrar este artículo sólo me queda comentar que a todas las metodologías se le pueden añadir variaciones como puedan ser: que guays somos programando en inglés, francés o arameo; vamos a escribir todo con abreviaturas para que el cliente no sepa el truño que le estamos haciendo; o simplemente desarrollemos sin perder tiempo que ya nos preocuparemos cuando cruja por todos los lados de ponerle tantas tiritas como hagan falta.
Buenas noches y buena suerte!
Añado una mas
, la de las 9 embarazadas.
Basado en la premisa del jefe de proyecto de que 9 embarazadas tienen el niño en un mes